23/1/15

GRIÉBAL








Griébal es otro de los pueblos deshabitados situados dentro de los límites de Sobrarbe. Está situado en una terraza de la ladera suroeste de la sierra de Gerbe, sobre el río de La Nata.
Fue un pueblo muy importante en la Edad Media, los primeros documentos en dónde aparece citado corresponden al siglo X.
Hay gente que cree que en Griébal pudo estar escondido el Santo Grial, si a Griébal le quitas las dos letras centrales EB, se queda en Grial.
A pesar de que lleva muchas décadas sin gente viviendo de manera fija, actualmente Griébal es utilizado como campamento juvenil por grupos de jóvenes scout, los cuales lo han recuperado estos últimos años casi en su totalidad.
Fue un lugar de seis casas, que estaban divididas en dos pequeños barrios. En su máximo nomenclátor del pasado siglo Griébal aparece con 46 habitantes en el año 1930. De entre las viviendas destaca casa Custodio. Es una gran casona de tres plantas con un hermoso porche que recorre toda la fachada principal.
Otro edificio de interés es la iglesia parroquial de San Vicente, del siglo XVIII, situada en el centro del núcleo. Es un edificio de una nave cubierta por bóveda de lunetos con cabecera recta orientada al este y dos capillas a cada lado. A día de hoy y tras su restauración, presenta un aspecto magnífico.
También merecen ser citados un torreón de planta circular con cinco aspilleras en su parte superior que encontramos cerca de la iglesia, y también el crucero, situado a la entrada del núcleo.
Las fiestas de Griébal se celebraban el día 22 de Enero, para San Vicente.

Fotografía 1; Llegada a Griébal  (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Iglesia de San Vicente (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Casa Solano  (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Viejo torreón (Cristian Laglera)
Fotografía 5; Casa Custodio (Marta Puyol, cedida por www.sipca.es)
Fotografía 6; Crucero  (Cristian Laglera)



10/1/15

LA LLECINA







Encontramos las ruinas del Ribagorzano núcleo de La Llecina en lo alto de un emboscado cerro sobre el barranco Seguero, a poco más de un kilómetro al este del caserío de La Roca.
La Llecina fue una de las pequeñas aldeas que formaron parte durante muchos años parte de Mont de Roda, entidad formada por varias casas y masos dispersos situados a sus alrededores.
Se trata de una antigua fortificación edificada posiblemente en el siglo XVI, lo que hoy encontramos son las ruinas de una torre levantada sobre un amplio recinto amurado. Ya en época posterior, se levantó la vivienda aprovechando la vieja torre defensiva.
De la casa solo queda la planta y varios montones de espedregales que atestiguan su existencia. La torre está declarada monumento BIC (Bien de Interés Cultural), es de planta cuadrangular y tenía cuatro plantas. A pesar de solo mantener integro uno de sus lienzos todavía observamos en su fachada varios vanos aspillera.
Junto a la torre se conservan las ruinas de una vieja ermita construida bajo la advocación de San Juan Bautista. La ermita tiene orígenes románicos, aunque sufrió importantes modificaciones posteriores. Quedan en pie la parte baja del ábside y algún tramo de sus muros sur y norte. Sus muros empalman con los del torreón, aunque evidentemente la ermita es de época bastante anterior. Por lo que parece cuando se construyó la torre aprovecharon la ermita (posiblemente ya estaba en ruina) para hacerla formar parte del mismo sistema defensivo.
Llegaremos a La Llecina por medio de una pista que parte en dirección este desde el caserío de La Roca. Dicha pista finaliza en una zona de campos de cultivo y desde allí iniciaremos a pie la ascensión hasta el despoblado, unos 20 minutos.

Fotografía 1; La Llecina y el Turbón (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Torre defensiva (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Interior de la torre (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Ermita románica (Cristian Laglera)
Fotografía 5; Edificio de apoyo (Cristian Laglera)


13/12/14

SAN FERTÚS






Bellísimo despoblado que encontramos a 2.4 kilómetros en línea recta al norte de Boltaña.
El acceso más cómodo lo realizaremos por una pista que nace al oeste de la pequeña localidad de San Vicente, aunque el último tramo lo realizaremos por un bello camino de herradura.
Fue un lugar de una sola casa, al menos en las últimas décadas de su existencia, antiguamente parece que llegó a tener un total de dos viviendas.
San Fertús es uno de esos lugares del Pirineo que nunca tuvo (ni tendrá) acceso rodado. Este es uno de los motivos que hace de este núcleo un lugar especial, ya que no ha sufrido un expolio tan evidente como otros despoblados cercanos a los que se puede llegar por pista con vehículo todoterreno.
La vivienda principal es espectacular, aunque ha sufrido el derrumbe parcial de su cubierta. Es un edificio alargado, aunque bastante estrecho, tenía un pequeño patio en su fachada sur que se halla totalmente conquistado por la maleza.
Junto a la casa encontramos la ermita de San Fertús, pequeño oratorio de una nave y cabecera recta orientada al este. La cubierta de lajas yace derruida en el suelo desde hace muchos años, aunque todavía conserva el altar y la pequeña bóveda que lo protege.

Fotografía 1; Llegada a San Fertús (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Vivienda (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Puerta de acceso a la casa (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Ermita (Cristian Laglera)
Fotografía 5; Cabecera (Cristian Laglera)