Fotografía 1; La Llecina y el Turbón (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Torre defensiva (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Ermita románica (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Edificio de apoyo (Cristian Laglera)
Aquí encontrarás gran parte de los pueblos deshabitados de la provincia de Huesca
Mongay es otro de los pueblos sin censo situados en la zona oriental de la
comarca de Ribagorza. El acceso más cómodo lo realizaremos tomando en Viacamp
la pista que se adentra en el Montsec, con desvío hacia el este en el cerro de
Santa Magdalena. Nosotros fuimos a pie desde el despoblado de Chiriveta, por
sendero señalizado, hace ya algunos años. Estamos en una de las zonas más
recónditas no solo de Ribagorza, sino de toda la provincia de Huesca.
Durante los siglos XIX y XX Mongay abrió seis hogares. Los nombres de las casas eran: Pociello, Coix, Perantoni, Conte, Perulla e Ivars. Estaban ubicadas longitudinalmente, aprovechando el escaso espacio que les ofrecía el gran peñasco que tenían a su espalda. El aislamiento fue desde el principio su mayor enemigo. Esta fue la causa principal de su abandono en los años sesenta del pasado siglo XX.
En el centro del núcleo se halla la iglesia de Santa María. Consta de una sola nave y cabecera recta. Se cubre con tejado a dos aguas, sobre el que se levanta un pequeño campanario. El coro, en alto, se sitúa a los pies.
Mongay fue un pueblo agrícola y ganadero. Sus cultivos básicos eran el trigo y la cebada, aunque también tenían olivos y algunas viñas. En cuanto a los animales la oveja era el animal predominante. Todas las casas tenían su rebaño. También tenían todas las casas conejos y gallinas.
Celebraban las fiestas el día 6 de agosto, en honor a San Salvador. Había misa y procesión. Se mataba un cordero para la ocasión.
La última casa en cerrar sus puertas fue casa Pociello. Lo hizo en el año 1961. Fue posteriormente, comienzos del siglo XXI, cuando el pueblo cayó en manos de unos empresarios con la idea de reconstruirlo. El principal problema fue, en nuestra opinión, no respetar la fisionomía primitiva de las viviendas. El resultado final, al menos visualmente, dejó mucho que desear. Finalmente, por razones que desconocemos las obras se paralizaron. Hago mías las palabras de mi buen amigo Faustino Calderón “para acabar así, más vale que lo hubieran dejado morir lentamente”.
El Lenero fue una de las pequeñas aldeas que conformaban el desaparecido
municipio de Pallaruelo de Monclús. Se sitúa en una zona conocida como las Coscolleras,
a escasos metros del barranco homónimo y cerca del también despoblado lugar de
El Cotón (pueblos que fueron nº 26).
Siete aldeas componían este municipio. La Xantigosa, El Cotón, Rolespé y El
Lenero eran núcleos de una sola casa. Solanilla y Latorre contaban con tres
viviendas. Lavilla, que era el núcleo más grande, tenía cuatro.
La solitaria vivienda de El Lenero se levanta sobre un afloramiento rocoso en las estribaciones de la sierra de Campanué. El conjunto está compuesto por dos bloques que esconden bellos rincones ricos en arquitectura típica pirenaica. Tiene un amplio patio bien delimitado por un grueso muro de piedra al que se accede por una puerta dovelada situada bajo un pequeño cobertizo, a través del cual se accede también a la vivienda. En los bajos de la casa, entre otras cosas, encontramos un horno de pan, algunas estancias abovedadas, bodega, y varias dependencias habilitadas para los animales. También una puerta con sobrio dintel que descansa sobre dos ménsulas. Abre ventanas al sur y al este y pequeños vanos adintelados en su paño norte. Su interior es todo ruina; la cubierta se ha hundido imposibilitando el acceso al interior.
Quedó definitivamente deshabitado en el año 1961. Habitó la vivienda la familia Clavería. La marcha de la maestra aceleró la despoblación del municipio, pues eran muchos los niños que había escolarizados (25 a finales de los años 50). Seis de estos niños provenían de esta casa, que gozó de una buena posición económica durante la primera mitad del siglo XX.
Podemos realizar una aproximación por una la pista de tierra que parte desde la
localidad de Formigales y, tras pasar a escasos metros de la ermita de la
Virgen de Llarz, se adentra en dirección a la sierra de Campanué, siguiendo
dirección noreste. El último tramo lo realizaremos por un viejo –y bello– camino
de herradura que tomaremos poco antes de llegar al núcleo de El Cotón, en una
curva muy pronunciada.
Artículo publicado en El Cruzado Aragonés en diciembre de 2020.