23/7/11

RALUY







El punto de partida esta vez es el valle del Isábena, en Ribagorza, y nuestro destino Raluy. Se trata de un pueblo documentado desde el año 930. Raluy fue un lugar estratégicamente muy importante para el Condado de Ribagorza y el monasterio de Obarra frente a tierras musulmanas. 

Sabemos que fue arrasado por los sarracenos en el año 1006 y que el abab Galindo y los monjes de Obarra se interesaron por el pueblo. Poco después el pueblo fue reconstruido y la iglesia restaurada, que fue consagrada con toda solemnidad en noviembre del año 1007 por el obispo Aimerico.

A Raluy se accede por una pista de firme pedregoso que parte de la carretera de Visalibons. A los cuatrocientos metros una valla cierra el paso. Hay que continuar a pie y tras algo más de tres kilómetros de fuerte desnivel llegaremos a las ruinas del pueblo.

Tenemos datos de mediados del siglo XIX en los que Raluy aparece citado con siete fuegos. Casas que aumentaron en las primeras décadas del s. XX  hasta un total de nueve. Sus nombres eran: Betrá, Lo Bigo, Carduna, Casalé, Castellano, La Era, Parache, Piñasa y casa la Abadía. Su máximo nomenclátor del pasado siglo fueron 57 habitantes -año 1910-. Posteriormente todo el término de Raluy fue utilizado para la replantación de pino.

Actualmente el núcleo se encuentra devastado y conquistado por la vegetación. Cuesta imaginar que hace menos de un siglo sus calles estaban llenas de vida. También cuesta reconocer el trazado de sus calles y sus edificaciones, salvo la fachada de alguna vivienda que mira hacia la pista de acceso.

Su iglesia parroquial estaba dedicada a San Clemente, al menos originalmente, aunque posteriormente acabó siendo dedicada a Santa Águeda. Se trata de un edificio alzado siguiendo pautas románicas, muy transformado en siglos posteriores. Tiene una peculiar nave estrecha muy alargada, antiguamente también tenía una espadaña que fue eliminada cuando se le adosó la torre campanario. Tras dura pelea con las zarzas pudimos llegar hasta su ábside, que evidentemente es semicircular y está orientado al sol naciente, tal y como mandan los cánones románicos.

Raluy contaba con dos ermitas, ambas arruinadas y situadas en las inmediaciones. Estaban dedicadas a San Marcial y a San Vicente.

La ermita de San Vicente es de estilo románico, de mediados del siglo XII. Consta de una nave de planta rectangular y cabecera semicircular orientada al este. Actualmente solo conserva en pie su muro sur, parte del oeste y la cabecera. Lo más destacado es la pequeña hornacina que centra el ábside con acabado en arquillo de medio punto monolítico.

La ermita de San Marcial es bastante más moderna; estimamos que no puede llevarse más allá del siglo XVIII. Se oculta es un espeso bosque de pino al norte de Raluy. Se trata de una salita casi cuadrangular cubierta con bóveda de cañón edificada con aparejo de sillarejo de calibre muy desigual. En su interior quedan restos de pinturas de factura popular. La cubierta es de losas. 


Artículo publicado en El Cruzado Aragonés (noviembre de 2019).



Fotografía 1; Fachada de una de las casas   (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Iglesia de Santa Águeda  (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Interior de la iglesia (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Ermita de San Vicente  (Cristian Laglera)
Fotografía 5; Ermita de San Marcial  (Cristian Laglera)


17/7/11

LA CAPANA






La Capana es una de las pequeñas aldeas que, antaño, pertenecieron al desaparecido municipio de Santa María de Buil. Nos encontramos en el sector central de Sobrarbe, comarca que alberga más de un centenar de núcleos que se vaciaron durante el pasado siglo XX.

Al despoblado de La Capana se accede desde la A-138, vía que enlaza las localidades de El Grado con Aínsa. Justo enfrente del desvío a Coscojuela de Sobrarbe nace una pista de tierra de algo menos de dos kilómetros que nos conducirá, sin pérdida, hasta nuestro destino.

Se trata de lugar de una sola casa, llamada La Capana. Es un conjunto arquitectónicamente muy rico en el que sobresalen la vivienda y la capilla de San Antonio. Aparece en el nomenclátor del año 1930 con 5 habitantes.

La vivienda ostenta dos plantas más el espacio destinado a la falsa. Posee cubierta de lajas de pronunciada pendiente. El acceso se realiza por elegante portada de medio punto abierta en la fachada sur. Hace algunos años aún pudimos acceder a sus diferentes estancias: patio, cocina, alcobas...

La capilla se sitúa enfrente de la casa, puerta con puerta. Es un edificio de nave única y cabecera plana. Interiormente se techó con bóveda de cañón, más baja y estrecha en la zona noble. Exteriormente lo hace con piedra de laja. La puerta de acceso abre a los pies, bajo el campanario de espadaña de doble ojo.

Concluimos destacando una hermosa borda y la herrería, situada junto a la vivienda, no muy lejos del pozo, tan necesario en aquellos tiempos.


Artículo publicado en El Cruzado Aragonés en enero de 2022.



Fotografía 1; Llegada a La Capana  (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Iglesia de San Antonio y vivienda (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Interior de la iglesia (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Hermosa borda (Cristian Laglera)


10/7/11

CLARAVALLS








De nuevo toca desplazarnos a la zona oriental de la siempre sorprendente comarca de Ribagorza. Nuestro despoblado protagonista es Claravalls, hermosa localidad encaramada sobre una colina a unos cuatro kilómetros al suroeste de Arén. Se sitúa en posición dominante, con unas vistas privilegiadas que abarcan una gran porción de terrero. Claravalls es uno de esos lugares que hay que conocer sí o sí, uno de esos lugares que quedan grabados en la retina del visitante durante mucho tiempo.

Aparece documentado por primera vez en el siglo XII. Es un documento en que se cita a una persona llamada Juan de Claravalls, en el acta de consagración de la iglesia de San Miguel de Cornudella.

Fue un núcleo pequeño. El pasado siglo XX mantuvo un total de cuatro casas abiertas. Alcanzó su techo poblacional en 1940, censando 61 habitantes. Anteriormente llegó a tener un total de ocho casas abiertas, que se apiñaban en torno a la iglesia parroquial.

Al casco urbano se accede desde el sur. Una estrecha callejuela nos conducirá hasta la iglesia, que se dedicó a Nuestra Señora del Rosario (s. XII). Es un templo románico, de estrecha nave rectangular encabezada por un ábside semicircular orientado al este. La nave se cubre con bóveda de medio cañón y la cabecera con cuarto de esfera. En algún momento indeterminado la iglesia se amplió, añadiendo una capilla lateral a cada uno de sus costados. Posee un sobrio campanario de espadaña de dos ojos, todavía digno.

A su lado se conservan los restos de un antiguo torreón, fechable en el siglo XVI, que formó parte de un conjunto fortificado más amplio. Tiene planta rectangular y tres pisos de altura. Recientemente entró a formar parte de la lista roja de la asociación “Hispania Nostra”.

El acceso lo realizaremos desde la carretera N-230, en el tramo que enlaza las localidades de Puente de Montañana con Arén. Precisamente unos 500 metros antes de llegar a Arén, nace una pista a nuestra izquierda, justo después de pasar el barranco de San Román, que nos conducirá, tras algo más de cinco kilómetros de pista, hasta Claravalls. La pista se halla en buen estado, si bien, hay un tramo de subida brutal, por lo que es preferible recorrerla con vehículo todoterreno, sobre todo si el firme está mojado. ¡Merece la pena subir!


Artículo publicado en El Cruzado Aragonés en abril de 2021.



Fotografía 1; Claravalls, magnífico  (Marina González)
Fotografía 2; Viviendas (Cristian Laglera)
Fotografía 3; Viejo torreón  (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Enorme barrica  (Cristian Laglera)
Fotografía 5; Iglesia parroquial, espadaña (Cristian Laglera)
Fotografía 6; Cabecera  (Cristian Laglera)


5/7/11

TRESERRA







Una vez más vamos a desplazarnos hacia el sector oriental de la comarca de Ribagorza y, por consiguiente, de la provincia de Huesca. El núcleo protagonista de este artículo es Treserra. Sus edificaciones se sitúan en una depresión del terreno a medio camino de las poblaciones de Arén y Cajigar, entre los barracos de Santa Lucía y el homónimo de Treserra. Fue una de las aldeas que, antaño, pertenecieron a Cornudella, municipio desaparecido formado por los núcleos de: L´ Hostalet, Iscles, Rivera de Vall, San Martín, Puimolar, El Sas, Suerri, Soperún y Vilaplana, además del citado lugar de Treserra.

Sus siete viviendas se encuentran dispersas formando diminutos barrios. Sus nombres son: Bové, Cipriá, L´Hereu, Rels, Toralla, Espuña y Perarroy. Por lo general son casas modestas aunque de buen tamaño, de dos y tres alturas, construidas en mampostería con tejados pétreos de buena losa. Destacan sus hermosos cobertizos y patios interiores.

Llegó a censar un máximo de 53 habitantes en el año 1940, tres décadas después, quedaría deshabitado. Actualmente las casas Espuña y Perarroy vuelven a tener vida.

Arquitectónicamente hablando su edificio más importante es la  iglesia de San Vicente (s. XII), con la abadía adosada a poniente. Es un templo de nave única y planta rectangular, culminada en ábside semicircular orientado al este. La nave se cubre con bóveda de medio cañón y el ábside con cuarto de esfera. Siglos después, se construyeron las capillas laterales, tal y como exigían los gustos litúrgicos de la época. La puerta de acceso, que despliega arcada de medio punto, abre en el muro sur. En la actualidad es el edificio que se mantiene más digno de todo el despoblado. De este templo procede un frontal de San Vicente en el que está representado el santo diácono oscense y varias escenas de su persecución y martirio.

Aunque sus habitantes sí dispusieron de luz eléctrica desde el año 1952, venía por una línea desde del molino de La Puebla de Roda, tuvieron una carencia importante y decisiva de servicios básicos de primer orden. No disponían de escuela, por ejemplo. Los pocos niños que había en el pueblo tenían que acudir hasta la escuela de Claravalls. En Treserra tampoco había médico. Tenía que desplazarse desde Arén en caballería y solo para las urgencias.

Sus cultivos más importantes eran el trigo y la cebada. El animal predominante era la oveja, aunque también tenían algunos cerdos y vacas.

Las fiestas grandes se celebraban para San Isidro, el día 15 de mayo. Tenían una duración de dos días. Había misa, procesión, baile y, por supuesto, buena comida. Además de algunos familiares, venía gente de los pueblos y aldeas cercanas: Arén, Claravalls, Soliva, Soliveta… 


Artículo publicado en El Cruzado Aragonés en septiembre de 2021.



Fotografía 1; Llegada a Treserra (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Iglesia de San Vicente  (Marina González)
Fotografía 3; Cabecera  (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Hermoso paso abobedado  (Marina González)

Fotografía 5; Casa Toralla  (Cristian Laglera)



3/7/11

MONTFALCÓ






Una semana más acudimos a la inabarcable comarca de Ribagorza para hablar de otro de sus núcleos deshabitados. El pueblo protagonista de este artículo es Montfalcó. Se trata de un despoblado situado en la zona oriental de la comarca y también de la provincia, muy cerca del embalse de Canelles. El acceso lo realizaremos por una buena -aunque larga- pista de tierra que tiene su inicio en la localidad de Viacamp en dirección sur.

Para encontrar la primera mención escrita en la que aparece citado Montfalcó tenemos que remontarnos hasta el año 1225. Se trata de un documento de la colección diplomática de Obarra en el que aparece citado “Bernardus de Mont Falcom”.

Montfalcó fue siempre un lugar pequeño, muy pequeño. En sus años de máximo esplendor llegó a abrir un máximo de seis casas. Seis fueron precisamente las casas que mantuvo abiertas en el primer tercio del pasado siglo; sus nombres eran: Batlle, Gasparó, Francisca, Panyello, Masiá, y Maurí. Repasando los nomenclátores de la pasada centuria observamos que alcanzó su techo poblacional en el año 1960, censando un total de 63 habitantes.

De entre las viviendas destacaba casa Batlle (s. XVII). Destacaba y destaca, pues actualmente se halla perfectamente  restaurada y está siendo utilizada como albergue de turismo rural. Del resto de las viviendas apenas quedan algunos restos sobre la colina que hay al sur de casa Batlle. Los restos son tan escasos y están tan destruidos que no hay nada que merezca la pena ser destacado.

Unos metros detrás de casa Batlle se encontraba la antigua iglesia, templo del siglo XVIII dedicado a San Miguel. Fue derruida hace algunos años para evitar los posibles problemas de la gente con sus peligrosas ruinas. Era un templo de nave única con cabecera de testero recto y campanario de espadaña a los pies, sobre la puerta de acceso. Hemos conseguido algunas fotografías de este desaparecido edificio y quizá, en otra ocasión, le dediquemos un artículo y un poco más de atención.


De bastante más interés arquitectónico que la iglesia, y visita obligada si vamos a Montfalcó, es la ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio. Se trata de un bello templo románico de finales del siglo XI construido en lo alto de una cresta entre dos barrancos que caen bruscamente sobre el embalse de Canelles. Tiene planta rectangular, muy irregular, cubierta con bóveda de cañón y cabecera plana. Presenta una pequeña capilla en uno de sus muros laterales. En el hastial de poniente abre un hermoso vano geminado con parteluz cilíndrico y capitel trapezoidal.


Artículo publicado en El Cruzado Aragonés (agosto 2019).


Fotografía 1; Ruinas de Montfalcó y casa Batllé (Cristian Laglera)
Fotografía 2; Iglesia de San Miguel (Archivo Gavín)
Fotografía 3; Ermita de Santa Quiteria  (Cristian Laglera)
Fotografía 4; Otra vista diferente (Cristian Laglera)